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A
un año del cincuentenario
La existencia de un diario tiene que ver, y
mucho, con la existencia de su comunidad y con
los seres humanos que la habitan. A través del
tiempo, las sociedades viven momentos de
euforia y de congoja, de tristezas y alegrías,
de éxitos y fracasos.
En esta contracara de la realidad está
centrada la vida; y un diario no es otra cosa
que su fiel reflejo.
Cuarenta y nueve años han pasado desde que un
grupo de hombres inquietos - que provenían del
diario La Libertad - decidieron fundar La
Ciudad y ponerse a trabajar en pos de un
ambicioso objetivo: darle a Avellaneda un
nuevo medio periodístico y un canal de
expresión que cubriera todas las expectativas
de una comunidad que crecía con ritmo propio.
Muchos fueron los contratiempos, los
esfuerzos, los ahogos económicos que lo
tuvieron en vilo un sin fin de veces. Pero con
tenacidad y verdadera vocación de servicio,
consiguió - como esos barcos de buena factura
- salir airoso de cada desafío que decidió
enfrentar.
En todos estos años, el mundo ha cambiado de
manera vertiginosa. Las últimas décadas han
marcado definitivamente el comienzo de la era
de la comunicación en todas sus formas. Un
tiempo en que los medios juegan un rol
fundamental en la articulación de las
sociedades y en la formación de la opinión
pública. Los avances tecnológicos y la
inmediatez de la información, superaron las
distancias entre emisores y recepetores, para
dar nacimiento a sociedades hiper conectadas,
dinámicas y participativas.
La globalización tiene en los complejos
sistemas de comunicación, a su exponente más
visible y poderoso, del que ningún medio puede
abstraerse en la actualidad.
Sin embargo, son las premisas esenciales que
dieron origen a La Ciudad - y a otros tantos
diarios regionales, a lo largo y a lo ancho de
nuestro país - las que hoy cobran mayor
importancia y vigencia: la objetividad, la
veracidad, el criterio amplio y pluralista,
independiente de cualquier factor de poder.
Pero por sobre todas las cosas, un medio
periodístico no debe perder de vista la razón
de ser de su existencia: su función social,
asumida con responsabilidad y compromiso, que
tiene como única finalidad propender al bien
común.
En épocas en que la industria del
entretenimiento ocupa buena parte de los
medios de comunicación en todo el mundo, no
está de más recordar que el periodismo tiene
dos misiones básicas en el desarrollo de una
sociedad democrática: informar y educar, antes
que entretener.
Quizá muchas de las noticias y artículos que
se publican todos los días en este medio, como
las que integran en este Número
Extraordinario, no tengan títulos de “alto
impacto” o no “vendan” algún tema de moda. No
es casualidad. Es nada más ni nada menos que
la firme decisión de continuar con el legado
de hombres como Roberto Pérsico, fundador y
alma mater de La Ciudad, quien con su hombría
de bien, su capacidad y su generosa vocación
de servicio, hizo de un puñado de humildes
páginas el Diario de Avellaneda.
A sólo un año del Cincuentenario, sólo resta
decir que nada de esto hubiera sido posible
sin el sostenido apoyo de nuestros fieles
lectores y anunciantes, y sin la inestimable
colaboración de cientos de instituciones y
entidades intermedias locales, que comparten
con La Ciudad la esperanza de un mañana mejor.
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