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Una
vez más, diario La Ciudad de Avellaneda
adhiere a las Fiestas Patronales de nuestra
Santísima Virgen de la Asunción, con la
alegría que debe caracterizar todo acto de fe
y de unción genuina.
Aquella María (o Mariam o Miryam) que citan
los Evangelios, comienza a tomar verdadero
relieve a partir de los siglos, cuando la vida
y obra de Jesús se empieza a difundir y cuando
se repara en esa figura consular que fue su
madre virtuosa.
Es San Lucas la que la califica como «llena de
gracia» o «bendita entre todas las mujeres» y
es el Dogma de Fe el que, desde 1854, la
define como «libre de pecado original».
Esta María, seguramente niña, recibió la
visita del Angel Gabriel y es este ángel el
encargado de darle la buena nueva: portará, en
su vientre, por obra del Espíritu Santo, a un
niño que es el hijo de Dios.
Más allá de las apariciones que, a través de
los siglos, testimonian su presencia - el
primero fue el Apóstol Santiago en Zaragoza -
el mensaje más hondo y significativo de la
Virgen María es el de sentir su presencia en
el interior de cada uno de nosotros. Cuando
esto se cristaliza, comprendemos que somos
mejores, que, a través de la figura purísima
de esta mujer hecha virgen, estamos en
presencia de su hijo hecho crucifixión y amor.
Estas Fiestas Patronales que celebramos en
honor a la Virgen, hacen que cada año una
ciudad se encolumne detrás de su enaltecida
figura. Logran unirnos en ese sentimiento de
comunión y fe que, a pesar de las
dificultades, nos permite emprender el futuro
con renovada esperanza.
Este Número Extraordinario de La Ciudad,
refleja apenas un recorte de nuestra vida
diaria, de nuestro accionar como comunidad,
que, bajo la mirada cristalina de la Virgen,
bulle inquieta y trabajadora, respetuosa de su
fe, acopiadora de sus amores y sus devociones.
Nuestro profundo agradecimiento a los miles de
lectores, instituciones, empresas y
anunciantes que nos acompañan en esta Edición
Especial.
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