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La
frase, que da título a este Editorial, con motivo del
«Día de la Industria», ha sido utilizada muchas veces,
para reflejar una demanda y para ilustrar la realidad de
un país que no siempre puso su atención en esta faceta
de la producción económica.
La Industria ha tenido múltiples avatares en las últimas
décadas. Ha pasado de ser promisoria a un desguace
vertiginoso, como el que padeció en la década de los
´90, donde se privilegió la importación indiscriminada
de productos con mano de obra agregada.
Los industriales y empresarios asistieron a un proceso
de decadencia que comenzó en la década de los ´70 cuando
políticas equivocadas apelaron a la importación e
hicieron hincapié en lo superfluo en vez de sentar las
bases de una economía basada en la producción y en el
consumo interno.
Estos desniveles que produce la Argentina, fruto, muchas
veces, de su improvisación y desgobierno, dejó a este
pilar económico casi sin sustento; muchos empresarios
comenzaron a vender sus empresas a grupos del exterior y
la industria nacional fue perdiendo identidad debido a
estas políticas erróneas.
Sin embargo, cualquier ser medianamente pensante sabe
que, sin industria o con una industria endeble, no se
puede edificar los cimientos de un país que albergue la
intención de desarrollar su economía. Y es la Industria
la que suministra fuentes de trabajo y permite que el
empleo se mantenga en niveles óptimos; casualmente,
fueron esas épocas que describimos las que mayor
desempleo debieron soportar.
La actualidad nos encuentra un poco mejor. La actividad
industrial ha crecido aunque ciertos problemas de
infraestructura se sigan dando. La carencia de una
política energética que robustezca los procesos
industriales, está conspirando contra el sector y lo
lleva a paralizarse cuando, en verdad, son tiempos para
una mayor y mejor actividad.
Los industriales están reclamando un tratamiento que sea
equitativo e impida una competencia desleal. Se reclama
por cierto ahogo fiscal y por medidas que, muchas veces,
suelen ser arbitrarias. Y se pide que el Estado
contribuya a resguardar una industria nacional que debe
ser competitiva.
Las expectativas son favorables, siempre y cuando
sepamos escuchar y atender los problemas de un sector
que es fundamental para el crecimiento del país.
Esta Edición Especial de LA CIUDAD, en ocasión de la X
Exposición Industrial de Avellaneda, es una muestra de
apoyo y aliento al empresariado local y un modo de
contribuir a un mayor conocimiento de las actividades
que realizan en nuestra comunidad.
Como siempre, el profundo agradecimiento a nuestros
lectores y los anunciantes que nos acompañan y el deseo
de lograr, entre todos los sectores, un país que sepa
unir sus actividades productivas en un proyecto común de
desarrollo sustentable en el tiempo.
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